23 de octubre de 2013

Aceptar a la pareja tal cual. Diferentes maneras de relacionarse (Vivir II)

Pensar que si quiero cambiar puedo hacerlo o que si la otra persona quiere y me quiere, puede, tiene sus limitaciones. Se puede cambiar en algo pero no en todo. Se cambia en algunas cosas pero no en las fundamentales. Pensar que somos seres totalmente libres y que nos podemos automodelar es otro espejismo.  
“El deseo de cambiar a los otros, tanto como el deseo de cambiarse a sí mismo, viene fundamentalmente de la intolerancia, y por eso viene torcido de raíz. Si el factor de intolerancia está totalmente ausente, el cambio es sano y positivo; pero, de ordinario, hay siempre una dosis de intolerancia en el deseo de cambiar, y eso lo hace peligroso.” (Vallés, 1990: pág. 35). Sobre el deseo irrefrenable de cambio, en el sentido de la no aceptación y de la obcecación por algo, Carlos Vallés cita a Tony de Mello cuando decía sin ambages: “¿Estás dispuesto a vivir con tu problema? Asunto concluido. Si no puedes cambiarlo, acéptalo. Y la aceptación misma es la que preparará el camino para el cambio, si es que ha de producirse.” (Vallés, 1990:33).
Desde luego esto no supone la aceptación sin más, ni el conformismo. “Aceptar la realidad no quiere decir, en manera alguna, tolerar cualquier tipo de conformismo, pasividad o apatía…” (Vallés, 1990:37). Tony de Mello, como otros autores (Tolle,…) y en muchas tradiciones antiguas (p.ej. del budismo) ya nos explicaban que precisamente para poder cambiar lo primero es aceptar la realidad tal cual y aprender a vivir con ella. La obsesión por el cambio, que nace de la intolerancia, es fácilmente el primer impedimento para no cambiar una realidad concreta. 
Pero TODOS cambiamos. Todos vamos cambiando, unas veces lentamente (las más de las veces) y otras la vida nos da algún golpe y nos hace cambiar. Puede ser por la inevitable muerte de algún ser querido, separaciones, perdida del trabajo… También por los sucesos y las noticias buenas: enamoramientos, viajes, nuevo trabajo… Aunque parece bastante comprobado que el carácter de cada persona se “forja” en los primeros años de la vida, incluso los primeros meses son los más decisivos. A los siete años (o antes) la personalidad está completamente definida y a partir de los nueve los cambios van a ser mínimos. Y cuanto más mayor es una persona los cambios van a ser menores y más difíciles, más nos costará cambiar de carácter y de costumbres. En las nuevas parejas también se van produciendo cambios mutuos, aunque a veces no se perciban conscientemente. Lo cual es lógico si pensamos que la interacción es muy fuerte y constante. Como dice el refrán: todo se pega menos la hermosura. Cada uno influye en el otro decisivamente. Pero para bien y para mal. Por todo lo dicho: aceptemos a nuestra pareja ¡tal cual! (y si quiere cambiar qué cambie).  
¿Cómo nos relacionamos con nuestra pareja?
Estar preparados para el cambio, para las rupturas: “A cada final de pareja, la sociedad y la cultura le llamaban ‘fracaso’, sin embargo yo le llamaba aprendizaje y caducidad del modelo de relación”, Jose Mª Doria, en los cuadernos de “Diario de un psiconauta”, nos habla de estos cambios y diferencia cinco tipos de relaciones de pareja, desde la dependencia total (abusiva y bastante corriente) a la máxima libertad entre personas que se relacionan y se aman. Aunque él lo relata más bien como como diferentes niveles, escalones por los que se puede ir subiendo, también se puede considerar  que son sobre todo diferentes formas de vivir las relaciones, transitando en un sentido u otro, según las personas, situaciones y momentos de la vida. Las diferentes posibilidades y/o niveles serían:
·        Dependencia. Una persona depende totalmente de la otra “no puedo vivir sin mi pareja”.
·        Codependencia. Dos ‘dependientes juntos’.
·        Independencia. Libertad. Tú eres tú y yo soy yo. Y si, por casualidad, nos encontramos es hermoso (F. Perls).
·        Co-independencia. Suma de independencias.
·        Inter-independencia. Estar en una red de relaciones.
Estas diferentes posibilidades/formas de relacionarse están inevitablemente en los debates y las “peleas” de muchas parejas. Se trataría de abrir un espacio para reflexionar sobre estos temas de forma sosegada, alejándose de los lugares comunes, de los dramatismos emocionales,... observando las costumbres y las pautas culturales, las nuevas necesidades y las viejas de cada persona y grupo (la próxima semana profundizamos en estas cinco posibilidades o niveles).
Referencias
Doria, Jose Mª. He utilizado documentos de: "Materiales  para el Proceso de Educación de las Emociones en 40 días", Escuela Española de Desarrollo Transpersonal (apartado: Diario de un psiconauta), y consultas realizadas en:  http://blog.jmdoria.com/
Vallés, Carlos G. 1990. Ligero de equipaje. Tony de Mello, un profeta para nuestro tiempo. Santander: Ed. Sal Terrae.

Tomás Alberich (octubre 2013)


6 comentarios:

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  2. http://youtu.be/NaF7uXTeW9Q

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  3. Me parece muy bonito que antes de intentar cambiarnos de pies a cabeza,intentemos aceptamos y querernos,sobre todo, entendiendo nuestras reacciones,y quizás las que no nos gustan,cambien ellas solas,con cariño y tolerancia mejor que cambiarlas a la fuerza´y asi quizás nos demos cuenta de que somos mejor de lo que creíamos.
    Otra cosa importantísima para mi, de la que se habla en este texto es la independencial, aunque yo creo que es dificil de conseguir,la verdadera libertad,aunque no imposible.
    Gracias a Tomás por darnos temas tan interesantes para reflexionar.
    saludos

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    1. muchas gracias por tus comentarios y apoyos que me animan a seguir escribiendo ...
      y solo un "re-comentario": cuando dices "es dificil de conseguir la verdadera libertad..." tal vez ahí nos equivoquemos en como utilizamos los conceptos: ¿cuál es la "verdadera" libertad"?, la libertad, como casi todo lo importante, es relativa y nunca se consigue totalmente, nos sirve como decia Galeano sobre la utopía, para caminar, para andar en un sentido, para caminar hacía más libertad... (Tomás)

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