30 de abril de 2021

4 de mayo, Pedro y Pablo ganan

Sea cual sea el resultado, Pedro Sánchez y Pablo… Pablo Casado ganarán en las elecciones. Pero de diferente modo y con variados niveles de satisfacción.

Si Isabel D. Ayuso consigue revalidar la presidencia será por poco y pactando con Vox. Para Pablo Casado será una victoria, pero amarga, aunque lo venderá como un éxito suyo y un paso adelante hacia su triunfo en la Moncloa. Desde luego un gobierno PP-Vox no es el peor regalo que le puede hacer la presidenta regional. Para Casado lo peor sería una victoria o una derrota aplastante de Ayuso, que es un resultado prácticamente imposible que ocurra. Si es una victoria aplastante, Ayuso le empezará a mover el sillón a Casado de inmediato. Si es una clara y contundente derrota, el PP se queda sin su plaza más importante, lo cual desde luego no podrá venderse como positivo por el líder de la derecha. Mejor quedarse en lo mínimo por arriba o por abajo, que es el resultado más probable.

Sí pierde la presidencia por la mínima frente al bloque de izquierdas será porque Ciudadanos no entra en el parlamento regional, con lo cual le echará la culpa a Cs de que gobierne la izquierda y a Casado le servirá para continuar y terminar de absorber a Cs, finiquitando el partido. Y si gana Ayuso por la mínima Casado respirará aliviado, y también terminará de comerse a Cs.

En el caso de Pedro Sánchez las ventajas de esta contienda electoral son incluso mayores que las de Pablo Casado. Si ganan las izquierdas -mayoría absoluta de la suma de los tres partidos- Gabilondo será presidente, con lo cual nadie podrá dudar de que es una victoria compartida, más dada la implicación en la campaña de Sánchez y de la cúpula del PSOE y del Gobierno. Si este bloque no suma y continua Ayuso su victoria será por la mínima y lo que es más importante para Sánchez es que dará lugar a un gobierno de PP con VOX, esto no se puede dudar. Con lo cual Sánchez y su partido tienen casi dos años por delante para denunciar la radicalización extrema del PP, con la constitución de un gobierno tan importante como el madrileño como ejemplo de gobernar la ultraderecha compartida con la derecha extrema. La campaña de Vox como partido neofascista o posfascista, sin disimulos, ha abundado en esta situación. Así, de cara a próximas contiendas electorales, el beneficiado será el PSOE, especialmente en las Generales, que fácilmente se darán dentro de un año y medio, a finales de 2022. Y antes las andaluzas. La posibilidad de que el PP le quite votos por el centro al PSOE desaparecerá definitivamente.

Un breve paréntesis: la estrategia contra Vox no se puede basar solo ni principalmente en decir que son fascistas. Porque, primero, ellos rechazan este término. Han rechazado el término “fascismo” en mociones y propuestas concretas, y nunca lo utilizan como su referencia ideológica, aunque jamás han rechazado ni criticado el franquismo. La manipulación en el lenguaje político da para mucho. Otro ejemplo: el sindicato que ha creado Vox se llama “Solidaridad” (recordando al de Polonia). Su nombre oficial es "Sindicato para la defensa de la solidaridad con los trabajadores de España” (SPDSTE). Se presentó a mediados del pasado septiembre, de la mano del líder de Vox, Santiago Abascal ¿Se imaginan que CCOO o UGT se hubieran presentado en público por el líder del PSOE o de IU? ¿Qué se diría de ellos? Vox se mueve en otra lógica y en otras redes de comunicación. Crean directamente un sindicato antisindical y no pasa nada. No se cortan, quieren volver a una sociedad franquista, simplemente. Lo más eficaz es denunciar sus mentiras en lo concreto, con datos. El posfascismo se vende en base a un radical populismo que promete lo inexistente y lo imposible (además de horrible para la mayoría), pero hay que denunciarlo en lo concreto, no simplemente diciendo que hay que parar el fascismo. Quieren una España sin migrantes en un mundo globalizado, sin violencia ni delincuencia gracias a su mano dura -es decir en una dictadura-, sin diversidad sexual ¿prohibiéndola?, sin derecho al aborto, etc. Políticas tan fracasadas como las de Trump.

Si Ciudadanos consigue representación Ayuso seguirá de Presidenta

La única posibilidad, la única posibilidad de que no gobierne Ayuso en Madrid es que Ciudadanos saque muchos votos y se quede justo por debajo del 5%, es la única, claramente. Si supera el 5% aunque sea por un voto, hará a Ayuso presidenta de nuevo. Lo han dicho incluso públicamente. Si obtiene un resultado exiguo, por debajo del 3%, significará que sus votos se han ido masivamente al PP. Es de las pocas contiendas electorales donde la Ley electoral y el injusto tope del 5% no perjudica a las izquierdas. Por una vez la legislación beneficia el cambio a la izquierda.

Sorprendentemente todavía hay gente, poca pero haberlas haylas, que piensa que sería positivo que Ciudadanos “como partido de centro” tenga representación. Que es positivo que exista un partido de centro en España, entre otros motivos para reducir la extrema polarización, la crispación. Esto podría ser cierto si Cs fuera un partido de centro.

Pero ¿cuándo y en qué ha realizado Ciudadanos políticas de centro? políticas centradas. Prácticamente nunca. Alguna excepción que confirma la regla: votar a favor de la ley de la Eutanasia. Pero su política ha estado centrada, nunca mejor dicho, en la defensa a ultranza de la economía neoliberal ¿Se puede ser radicalmente ultraliberal en lo económico, españolista en lo territorial, partidario de las privatizaciones de servicios públicos y autodenominarse de centro? Y la bajada de impuestos, Estado social el menor posible, defensa de la patria-nación española como única e indivisible, etc.

El espacio liberal y de centro en España ha estado ocupado por el PSOE. Y lo sigue estando en buena medida. Veamos un par de ejemplos. Se anunció hace unos días más de ocho mil despidos en CaixaBank, fruto de la fusión-absorción de Bankia. Cuando anteriormente se había anunciado esta fusión los ministros de Unidas Podemos fueron los únicos que mostraron sorpresa y desacuerdo. Solo los sindicatos también mostraron algún reparo. Ningún partido nacional dijo nada. El PSOE a favor, de hecho tenían que tener información que no compartieron. “Es fruto del mercado, la banca se fortalece… Los de UP no están de acuerdo porque son unos antiguos…”. Ahora vemos el resultado de la operación auspiciada-autorizada por el PSOE: miles de despidos. Y, junto a esto, lo más grave es permitir y arropar la creación del mayor banco nacional: tan grande que no podrá caer. Se sigue sin querer aprender de lo ocurrido en la crisis de 2008. Una de las enseñanzas de esa crisis es que si permites que un banco crezca enormemente y después entra en números rojos, el Estado no podrá permitir que caiga, sería un problema nacional su desaparición. Si quiebra será el dinero público, masivamente, el que tendremos que aportar todos para que ese banco siga existiendo. Así ocurrió con Bankia en esa crisis y el Estado tuvo que aportar miles de millones de euros para reflotarlo. Como única consecuencia positiva el Estado era propietario de una parte sustancial de Bankia. Con la absorción por Caixa Bank esa parte pasa a ser un porcentaje mínimo, insignificante, del nuevo banco.

De nada sirve llorar ahora los despidos cuando desde el Gobierno se ha permitido la creación de ese monstruo económico que es la nueva CaixaBank.

Por otra parte, las necesarias subidas de impuestos a las grandes fortunas, a las grandes empresas, sobre el patrimonio y sucesiones -herencias de más de un millón de euros, etc. Se congelan para más adelante. Y Gabilondo diciendo que no se subirá ni un euro a ningún madrileño si él gobierna. Una más de centro-derecha. Y así nos va.



7 de abril de 2021

Nuevas élites y viejos nacionalismos

 

¿Y si el problema no fuera ni Catalunya ni España? ¿Y si el problema fuera Madrid? No Madrid como ciudad, ni como conjunto. Madrid como lugar donde una pequeña élite improductiva siente peligrar sus privilegios. La casa real, el corpus político, la ingente cantidad de funcionarios de alto rango, la cúpula militar, los miembros de los consejos asesores de las mayores compañías del país, la plana mayor de la judicatura superior, conferencias episcopales, cortesanos mediadores e intermediarios con el poder, etc, etc. Es una masa poblacional que no produce absolutamente nada… https://ianasagasti.blogs.com/mi_blog/2021/03/y-si-el-problema-fuera-madrid.html


Este reciente artículo de Iñaki Anasagasti me ha recordado lo que me comentó un amigo catalán, que hizo una visita a Madrid durante unas semanas a principios de los años 80. Después de estos días nos confesó que la idea que tenían muchos catalanes sobre Madrid era la de una gran ciudad poblada por decenas de miles de funcionarios, señores trajeados y con bigotito, parásitos sociales que “trabajaban” en los Nuevos Ministerios o en los miles de oficinas de centros oficiales y administraciones de la capital, o de las fuerzas armadas, la iglesia etc. al servicio del poder de un Estado centralista. Pero este amigo estuvo viviendo esos días en Usera y visitó los barrios y zonas industriales cercanas, de Villaverde, Vallecas, Carabanchel... se sorprendió cuando vio que había miles de empresas productivas de todo tipo instaladas en la periferia madrileña, zonas industriales donde vivían decenas de miles de obreros de los que desconocía su mera existencia. Su idea sobre Madrid cambió.

El análisis de Anasagasti sorprende porque ¡cuatro décadas después! manifiesta las mismas ideas y estereotipos sobre Madrid. Anasagasti, que ha sido durante décadas representante institucional, diputado en el Congreso y senador, parece que hoy sigue confundiendo lo vivido con las élites de las Cortes y el circuito social de la carrera de San Jerónimo con la realidad madrileña.

Realmente en Madrid no hay decenas de miles de obreros, son cientos de miles. La población activa de la Comunidad de Madrid son 3,15 millones, de los que casi medio millón son trabajadores de la Industria y la Construcción. El Sector Servicios es ciertamente el económico mayoritario -como en todas las economías europeas- porque incluye diferentes subsectores, por ejemplo, agrupados en categorías económicas implícitas tenemos en números redondos: 80.000 trabajadores en I+D (31.000 en universidades y 33.000 en empresas), casi medio millón de ocupados en 69.000 empresas TIC, casi cuatrocientas mil personas trabajan en el sector Turismo (con hostelería), doscientas mil en Cultura, 83.000 profesionales en el Servicio Madrileño de Salud y 55.000 docentes en la educación pública no universitaria de la Comunidad de Madrid. Suponemos que toda esta población no será considerada parasitaria.

Anasagasti, histórico político con fama de serio y pragmático -como suele ser su partido el PNV- realiza un análisis pobre y trasnochado, pero lamentablemente me temo que compartido por miles de vascos y catalanes, que siguen teniendo la misma opinión sobre Madrid desde el siglo pasado y más. Pobre porque no da ningún dato, ni ninguna alternativa para enfrentarse a esas élites parásitas, que como su nombre indica se supone que viven de chuparle el dinero al resto de España. Su única alternativa es el separatismo o, como dice al final, termina su artículo indicando que “si alguien me convence de que hay un proyecto para acabar con esa élite extractiva, improductiva e hipercentralista, me alisto ya mismo”. Indica que le convencería el federalismo si planteara una alternativa para acabar con esa dominante élite parasitaria.

Anasagasti se expresa como si estuviéramos en los estamentos y señoríos feudales de la España de siglos pasados que, ciertamente, duraron aquí más que en otros países europeos, en algunos aspectos hasta bien entrado el XX. Pero ¿es esa la realidad actual?

Es también pobre porque no compara con otras ciudades u otras naciones. Capitales como Londres, París, Bruselas, Berlín… ¿no tienen esas élites? Siguiendo su argumentación, para reducir el poder de La City de Londres, que es una de las capitales de la especulación financiera mundial, lo mejor es ¿el separatismo escocés? Para que no haya tanto funcionario en Bruselas lo más efectivo qué sería ¿acabar con la Unión Europea?

Critica a la izquierda porque no habla de acabar con esa élite parasitaria, pero su alternativa más plausible es el separatismo, indica que en Madrid viven las élites de fuerzas armadas, de la iglesia, de la judicatura, de la monarquía y de grandes empresas/corporaciones estatales e internacionales. Insisto en preguntar ¿no existen esas mismas élites o muy semejantes en cualquier capital de cualquier Estado europeo? O, incluso ¿no existen esas élites con los mismos nombres o parecidos en cualquier capital de cualquier Estado del mundo? ¿cuál es el hecho diferencial de Madrid y de España?

Tal vez se piensa que el capitalismo gobernante en otros países (EEUU, UE...) está dirigido por afanosos empresarios, emprendedores dedicados a la innovación y a la producción de bienes para la sociedad, trabajando en investigar e inventar. La realidad es que, junto a estos -que seguro que existen- está el capitalismo especulativo que es el que más dinero mueve en el mundo, el que manda y que vive de mover el dinero y de especular como su propio nombre indica, es decir comprar, vender, comprar y revender constantemente mercancías, productos financieros, productos agrícolas en el mercado de futuros para que suban los precios, incluido el agua, y que provoca miles de muertos anuales por hambre y la miseria para millones de personas. Estas corporaciones que manejan los productos especulativos financieros son los que más dinero tienen y mueven en el mundo y son por lo tanto los que más mandan en las economías nacionales e internacionales. Todo esto para los separatistas ¿son élites parasitarias o empresarios productivos?

La solución sería separarse de España, para que así otras élites (de Cataluña - País Vasco) que han sido tradicionalmente colaboracionistas del Estado español, como él mismo indica, tuvieran todo el poder en esas nacionalidades históricas convertidas en nuevos estados.

¿No es más bien un problema de clases sociales más que de centro-periferia? ¿Dónde está la contradicción principal para perpetuar un sistema social tremendamente injusto? ¿en la contradicción capital-trabajo o en la de centro-periferia? Las élites, es decir la oligarquía nacional e internacional tiene intereses diferentes a los del resto. En la sociedad actual de los dos tercios tenemos por un lado el poder de las clases sociales dominantes, les llamamos élites para señalar lo que deberíamos de decir: “oligarquía” el poder de unos pocos, conglomerado del poder económico-político-mediático, que se enfrenta a los otros dos tercios: el de las clases sociales trabajadoras (profesionales, empresarios autónomos, trabajadores cualificados y no cualificados) y el último tercio, los que están por debajo de la línea de exclusión (precariados, trabajadores subcontratados o migrantes sin contrato legal, parados, pensionistas empobrecidos, etc.).

Sorprende que Anasagasti, que ha vivido toda su vida como representante institucional del partido conservador PNV, siga con la cantinela de que la culpa la tiene Madrid. ¿Realmente piensa él o el PNV que hay que erradicar a esa “élite parasitaria” en la que incluye a los dirigentes y accionistas de las grandes corporaciones? O es que los grandes empresarios que están en esas corporaciones ¿si están en Madrid lo hacen mal, si están en Bilbao o Barcelona entonces sí, bien?

La sociedad injusta en la que vivimos parece ser más responsabilidad del capitalismo neoliberal reinante en buena parte del mundo y también en Madrid que del hecho de que tengamos a los Borbones reinantes en la capital. El problema tal vez más importante es que el capitalismo, dejado a su libre albedrio, genera inevitable y consustancialmente una oligarquía con todo el poder y una clase parasitaria consumista alrededor que vive en el entorno de esas élites que gobiernan. Aquí, en Nueva York o en Pernambuco. No conozco ningún país en que esto no ocurra.

En el mundo el problema no es que falte dinero para hacer cosas, invertir, etc. como a veces se dice. El problema es que está tan mal repartido, que hay tantísimo dinero en paraísos fiscales, fondos de inversión especulativos, etc. que el problema ahora es que sobra dinero, hay exceso de capital y, por la leyes del mercado, este dinero se dedica a invertirse en lo que más renta: se invierte en mercados de futuro, se invierte en comprar y aumentar los stocks de viviendas y bienes inmuebles vacíos, lo que produce que los productos agrícolas, energéticos, etc. a futuro suban los precios, y los alquileres de viviendas, solares, naves industriales y locales comerciales suban los precios por pura especulación. Es decir, sobra dinero para especular. Falta para solucionar los problemas de la población. Sobra capitalismo especulativo y falta capital productivo (y de la economía verde, ecoproductivo para ser más exactos).

Las nuevas élites de la oligarquía internacional se multiplican constante y parasitariamente en las grandes ciudades y capitales mundiales, hiperconsumidores del lujo de lo superfluo, expulsando de ellas a las clases medias trabajadoras. Es la gentrificación mundial de las ciudades-capitales.

Finalmente indicar que todo esto no le quita a los separatistas -incluido el señor Anasagasti- una parte de razón cuando manifiestan de que en España hay un problema de relación con algunas nacionalidades históricas, en concreto de Cataluña y el País Vasco con el resto de España, que es mejorable y solucionable si se quiere. Pero desde luego no es ese ni de lejos el principal de los problemas para la inmensa mayoría de la población que vive en eso que aún aquí seguimos llamando España.

20 de marzo de 2021

Desde el 15M al 15M (mayo 2011/marzo 2021) diez años que no son nada

 Recapitulemos. El 15 de mayo del 2011 comenzó una movilización social multitudinaria y asamblearia que cristalizó en el movimiento social 15M y que, al hilo del movimiento internacional de indignados, revolucionó la política española y cambió nuestra cultura política. Cercanos a celebrar su décimo aniversario, el 15 de marzo de 2021, Pablo Iglesias anuncia que se presentará a las elecciones de la Comunidad de Madrid y cambia el tablero político, le da la vuelta o pone otro encima de la mesa. Ya no va hacia arriba, en esa meteórica carrera que comenzó en el 15M del 11, si no que da un paso a un lado o hacia atrás según se mire, desde el cielo se da la vuelta y quiere retroceder, tal vez, volver a las raíces madrileño-vallecanas.

El movimiento anticorrupción de un concejal en la ciudad de Murcia, más parecido al simple aleteo de una mariposa, ha producido un huracán, no en China pero si más cerca, primero en la Comunidad de Murcia y luego a 404 kilómetros, en la capital del reino. Ayuso, en vista de que le podían presentar una moción de censura, convoca elecciones anticipadas en la Comunidad de Madrid y después, efectivamente, dos grupos de la oposición -lentos ellos- presentaron sendas mociones de censura que fueron a ninguna parte (puestos a presentarlas mejor hubiera sido a las 9 de la mañana).


El movimiento huracanado de Ayuso le sale bien, aprovecha todas las circunstancias a favor: Primero, deja descolocada a toda la oposición, en un momento de debilidad y dispersión. Ciudadanos pasa del Gobierno a la oposición. Lo que ha estado aplaudiendo o tragando durante dos años, ahora todo le parece mal, con lo cual su credibilidad se queda por los suelos. Viendo que su fecha de caducidad está próxima, las tortas dentro del partido y a todos los niveles aumentan. De momento, para las elecciones convocadas, la fecha de consumo preferente ya pasó para la mayoría de sus antiguos votantes. El experimento de crear un “Podemos de derechas” que reclamaba el Ibex35 está finiquitándose.

Segundo, el PSOE ha tenido que despertar a Gabilondo, a la vez que discutía a quién presentar, dudas muchas. Él se defiende, dice que es su estilo hacer una oposición tranquila y seria, sin insultos… parece que confundió la tranquilidad con estar fuera de juego. Desde luego los que han estado tranquilos los últimos ¡seis años! son sus adversarios. Una cosa es estar tranquilo en el banquillo, esperando a ver si te dejan jugar, y otra hacer oposición.

Ir por los municipios de la Comunidad conociendo los problemas vecinales, ir a los barrios y pueblos -que también existen- debatiendo, participando, apoyando movilizaciones, planteando alternativas concretas, todo eso ha quedado para otros, para los partidos a su izquierda.

Tercero, Más Madrid parte de una situación de enfrentamientos internos en el Ayuntamiento, que le afectan como partido que ha ido a menos. Reconocido como error por Manuela Carmena y sus seguidores la propia creación del partido y la escisión de Podemos. Ahora acaban de escindirse de nuevo en el Grupo municipal. Además, el fracaso de Más País en las elecciones generales ya se lo pone difícil a Más Madrid, dada la dimensión política nacional y de enconamiento frentista en estas elecciones autonómicas. El partido a nivel estatal prácticamente no existe y en el municipio de Madrid está roto. Con problemas por arriba y por abajo el espacio político se le ha quedado muy reducido a Errejón. La irrupción de Iglesias aumenta esa dimensión nacional y deja el espacio moderado de Más M Más mínimo.

Cuarto, Unidas Podemos con un resultado modesto en las elecciones, no estaba para tirar cohetes. El buen trabajo de sus diputadas, como en el caso del partido anterior, no quita para que su capacidad de marcar política sea muy modesta. Un trabajo magnífico de Isa Serra, Sol Sánchez y Vanessa Lillo, barrio a barrio, pueblo a pueblo (a diferencia de otros) pero sin consolidación mediática y con la portavoz Isa en posible inhabilitación judicial. La política propiamente regional madrileña es difícil para todos, reducida al mínimo por el aplastamiento mediático de la política nacional en la capital.

Por estos cuatro factores Isabel Díaz Ayuso acierta al convocar elecciones anticipadas. Ha actuado muchas veces como alter ego de Casado que, cada vez que intentaba conquistar votos en el centro, Ayuso y sus ayusadas descolocaban y se los quitaban, con un discurso más propio de Vox. Pero ahora la situación ha cambiado. Ayuso se lanza y su movimiento tiene una consecuencia evidente, irrefutable, Ciudadanos desaparece a corto más que a medio plazo del mapa electoral y de momento pasa a situaciones de marginalidad. Cuadros y dirigentes van a seguir cayendo al Partido Popular, con lo cual el movimiento de Ayuso también refuerza al PP. Ambos, Ayuso y su presidente Casado se refuerzan mutuamente, al menos de momento.

Así las cosas y con todo el viento a favor, no calculaban el siguiente movimiento, el movimiento que por segunda vez en cinco días nos ha descolocado a todos. La presentación de Iglesias a la Comunidad de Madrid el 15M, que tiene sus aspectos críticos, positivos y negativos.

Uno, refleja la asunción de una modestia inesperada, pasar de ser candidato a presidente y, desde hace más de un año, vicepresidente en ejercicio del gobierno de España, a mostrarse como voluntario para encabezar una lista regional que, como mucho, conseguirá ser vicepresidente de la Comunidad de Madrid, revela su capacidad de cambio, una cinturita de avispa capaz de estos giros copernicanos, inesperados y mayores de lo que podíamos pensar.

Dos, engrandece a Ayuso, ya que le pone a la altura de un adversario nacional a batir. Se presenta Iglesias como producto de la necesidad de un combate contra el proto fascismo creciente del PPVox, esto le da más aliento a Ayuso y en parte nos fastidia a los madrileños, porque la endiosa más.

Tres, ha dejado descolocados también a los suyos. De alguna manera con este movimiento Iglesias viene a decir que los dirigentes madrileños y las diputadas en la Asamblea de Unidas Podemos-IU no tenían más capacidad de crecimiento y que había que presentar a un peso pesado del partido para defender lo mismo que ellas hacen y opta por lo aparentemente más fácil: el mismo.

Cuatro, el movimiento simultáneo de proponer a Yolanda Díaz como vicepresidenta y próxima candidata a la presidencia del Gobierno es un dedazo de Iglesias, pero aun así le engrandece por echarse a un lado cuando nadie en su organización se lo estaba solicitando y además proponer a una persona que no está afiliada a Podemos.

Cinco. Es comprensible este movimiento desde el punto de vista político personal. En unos días desaparece el matrimonio de ministros, algo inaudito en cualquier país europeo, aunque casos raros ha habido. La familia Irene-Pablo descansará, ambos seguirán en política pero en diferentes niveles y perspectivas. De alguna manera Irene Montero volará más libre, su carrera política se despeja, se resetea y engrandece.

Seis. Refuerza a Pedro Sánchez. Las tortas que todos los días le daban las derechas, solicitando que cesara a Iglesias, se quedan sin su principal enemigo a batir. Curiosamente el principal enemigo de España para todas las derechas, que trabajaba afanosamente por el comunismo bolivariano, para separatistas filoterroristas y romper España, ahora resulta que para la portavoz del PP en el Congreso es un vago redomado que lleva más de un año en el Gobierno “sin dar ni golpe”.

Siete. Nos cuentan los medios una historia de macho alfa que decide pasar a beta, pero no es exactamente así. Ha sido una decisión colectiva, aunque con un componente importante de salto personal sin pértiga. La cúpula máxima de Unidas Podemos estuvo barajando varios nombres y no se decidió por ninguno, o los propuestos no aceptaron. Iglesias en esa situación dio el paso.

No tiene vuelta, no tiene marcha atrás. Recordemos que Errejón pasó de la política nacional, diputado en el Congreso, a la regional, cabeza de lista a la CM, luego crea la escisión de Más Madrid por la que se presenta. Aun así obtuvo un muy buen resultado electoral. Pero no se quiso quedar ahí y apostó de nuevo por volver a la política nacional, creó Más País y el resultado fue desastroso, bochornoso. Iglesias no puede volver a presentarse a la presidencia nacional. Ha iniciado un camino sin retorno posicionándose en otros niveles.

Esto liga con dudas e incertidumbre futuras. Iglesias se echa a un lado en la política nacional pero seguirá siendo Secretario General de Podemos. Ya no le podrán acusar de querer controlarlo todo y de estar en todas partes mandando. Pero ¿qué pasará cuando haya políticas concretas y aspectos del Consejo de Ministros con los que no esté de acuerdo? ¿Se callará? Cuando probablemente aumenten los movimientos sociales y las movilizaciones críticas con el Gobierno ¿permanecerá distante? Para terminar el ciclo de abandono y de confianza en el equipo que deja, debe dimitir ya de Diputado en el Congreso, en cuanto se le nombre como candidato (parece que ya lo ha comentado). A medio plazo simultanear política activa regional madrileña y Secretaría General estatal parece difícil, en su video anuncio y en declaraciones ya habla de empezar a dar paso a otras generaciones.

Ocho. Se refuerza con este movimiento la apuesta por el crecimiento en las posiciones de ministras-dirigentes políticas, Yolanda, Irene, Ione Belarra… además de en el Grupo parlamentario de Madrid que seguro seguirán en el equipo dirigente, al menos las tres diputas citadas. Se ve así reforzada el ala feminista, el poder de las mujeres en la política nacional y regional.

En este contexto las declaraciones de Mónica García, cabeza de lista de Más Madrid, negándose siquiera a sentarse para hablar de una posible lista unitaria y achacándolo a la testosterona han sido lamentables. El 15 de Marzo dijo que sí a hablar pero que esperaba que no hubiera “un exceso de testosterona”, pero al día siguiente rechazó esa posibilidad “Las mujeres estamos cansadas de hacer el trabajo sucio para que en los momentos históricos nos pidan que nos apartemos, las mujeres hemos demostrado...” y volvió a insistir en el exceso de testosterona en la política. Contesta a la propuesta de Iglesias con un seudofeminismo, sin responder a ninguna de las propuestas planteadas y negando lo que ella misma planteaba el día anterior. Lo único en común con lo que decía menos de 24 horas antes ha sido insistir en la testosterona una y otra vez. Habrá que recordar a Mónicatestosterona que esto no va de hombres o de mujeres, va de parar a la ultraderecha y hacer otras políticas en Madrid.

Se ha comentado que el cambio de actitud de Mónica García ha venido impuesto por Errejón, que no ha querido ni siquiera verse en la misma mesa para negociar con su antiguo admirado líder Pablo Iglesias. Pero quienes conocen de cerca a Mónica más bien dicen lo contrario: ella tiene un ego que deja diminuto al de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón juntos. Hay quien le puede recordar a Mónica que hasta hace diez días era una política desconocida, excepto en los círculos de la sanidad madrileña y por personas activas de partidos políticos, que tienen su voto decidido. En política, como en toda la vida social, las formas son importantes, fundamentales. Responder a una oferta de negociación con descalificaciones, amparándose en un falso feminismo, no es la mejor forma de comenzar una campaña electoral de, al menos, no agresión entre las izquierdas.

Es cierto que al ser Madrid distrito electoral único, el sistema es totalmente proporcional, por lo tanto el unir fuerzas no suma diputados. Había quien proponía una alianza de todas las izquierdas, pero esto sería restar, una lista única de las tres opciones -PSOE, Más Madrid y Unidas Podemos- sería catastrófica, restaría votos. Pero una lista unitaria de estos dos últimos puede animar al votante desencantado, más aún con el movimiento de Iglesias. Habría quien ha votado anteriormente a Errejón y que no va a votar nunca a Iglesias, preferirían votar a Gabilondo, pero votarían. Ahora, con los últimos movimientos, el peligro de no entrar en el Parlamente regional lo va a tener Más Madrid, si no llega al mínimo exigido del 5%, lo cual sería catastrófico para las izquierdas.

Por otra parte, nos quedan los más críticos y más en la izquierda radical. En votos son pocos, pero influyen en los movimientos sociales y en ambientes/ambivalentes abstencionistas. Estaría bien que los anticapitalistas, es decir el partido anticapitalista para ser más exactos, se decidiera por participar en esas negociaciones que ya están en marcha y se integraran en ellas o al menos mostraron su apoyo. Raúl Camargo ha tuiteado: “echar a Ayuso es clave, cómo hacerlo es decisivo para conseguirlo. El poder de la derecha en Madrid nace y va más allá de las instituciones, enfrentarse a los Florentino y cía es solo el primer paso. La militancia de @anticapiMadrid nos reuniremos este sábado para decidir q hacer”. En las listas pueden ir estos y también líderes sociales y sindicales, todos nos jugamos mucho.

Estas elecciones serán atípicas y diferentes a las que hemos tenido en los últimos años, décadas incluso. Los que votaron a Ciudadanos son los que lo tienen más difícil. Saben que si votan al PP es como apoyar un gobierno PP Vox, con lo cual al menos algunos optarán por el voto al PSOE. Los habrá también que sigan votando a Ciudadanos, serán los menos porque saben que su voto se puede ir directamente a la papelera si no llegan al temido 5%.

Una de las ventajas de Ayuso es su claridad. No se corta, convoca elecciones y lo dice claramente: lo hago para impedir que pueda haber una moción de censura y que pueda gobernar la izquierda en Madrid. Decir esto y decir que lo hace por el bien de los madrileños y de España no se lo cree nadie, excepto sus disciplinados votantes que asumen y punto. Las posturas políticas en Madrid están tan enfrentadas, la crispación es tan alta, que para una parte de la población ese enfrentamiento en dos bloques se considera suficiente motivo como para convocar elecciones, aunque esto paralice la política institucional, distraiga y nos despiste de lo principal, las inversiones se paralicen, la llegada de los fondos europeos de reconstrucción pospandemia, la política sanitaria y de vacunación…. retrasa todo, pero esto no es motivo suficiente para lo importante para ellos, que es parar a la izquierda.

Tomás Alberich, sociólogo




3 de marzo de 2021

Reuniones, participación ciudadana y social ¿telemática, presencial? (y III)

 La pandemia se aprovecha para reducir la Participación Ciudadana

Recordábamos hace casi un año que “la primera víctima cuando llega la guerra es la verdad” (H. Johnson, 1917). La lógica bélica se había instalado con la pandemia y el inicio del obligado confinamiento, con la multiplicación de los bulos por un lado y la disciplina con la verdad oficial por el otro. Ahora podemos decir que la segunda víctima de la pandemia ha sido la participación ciudadana, junto a una crisis económica extrema.

Desde hace tiempo se ha constatado que la desafección de la población con respecto a la política y el paralelo deterioro de la democracia aumentan con la falta de democracia directa, con la escasez de cauces para la participación pública, para la mera comunicación de la ciudadanía con el mundo político y para el control de las instituciones por los representados. Con la escasez de encuentros y debates presenciales este deterioro ha aumentado. Numerosos alcaldes y equipos de gobierno, a diferentes niveles de la Administración, aprovechan para disminuir la participación ciudadana en sus municipios, distritos o localidades. Precisamente las nuevas tecnologías y redes virtuales pueden facilitar la participación en lo público y el control sobre las instituciones, pero no se están aprovechando para esto, más bien para lo contrario.

Por ejemplo, es habitual que la sesión plenaria de un Ayuntamiento se pueda seguir en directo por el canal correspondiente, pero el turno de ruegos y preguntas con los vecinos, establecido al final de cada Pleno, se ha eliminado sin más explicación. Las cacicadas se multiplican. Con la pandemia, la realización de los Plenos de los ayuntamientos se realizan sin público, por “seguridad”, no solo los telemáticos, también los que se realizan con presencia de los concejales se desarrollan impidiendo la asistencia y participación de la ciudadanía. Se ha aprovechado para eliminar la parte final de participación vecinal en cada Pleno, cuando hubiera sido muy fácil crear canales de participación nuevos, al menos para que los vecinos pudiesen presentar preguntas (por correo-e, WhatsApp o SMS) para ser contestadas al final del mismo Pleno.

No se está respetando ni la tradición de cada municipio, ni lo que consiguieron los movimientos ciudadanos incluir en la legislación municipal en los años 80, tímidamente: una de las reivindicaciones que se explicita en el Reglamento de Organización, Funcionamiento y Régimen Jurídico de las Entidades Locales (ROF), artículo 88.3, y en el apartado de esta norma denominado precisamente Estatuto del Vecino, art. 228.2 “Terminada la sesión del Pleno, el Alcalde puede establecer un turno de ruegos y preguntas por el público asistente sobre temas concretos de interés municipal. Corresponde al Alcalde ordenar y cerrar este turno” (Real Decreto 2568/1986).

Aparte de la norma jurídica vigente, podemos recordar una definición de participación ciudadana: conjunto de actividades, procesos y técnicas por los que la población interviene en los asuntos públicos que le afectan. En sociedades complejas “la participación ciudadana tiene como fin que los habitantes de un lugar sean más sujetos sociales, con más capacidad para transformar el medio en que viven y de control sobre sus órganos políticos, económicos y administrativos” (Guía fácil de la participación ciudadana, manual de gestión).

Por otra parte tenemos la participación social, que es un concepto más amplio y difuso, relacionado con la acción colectiva: cualquier acto, fenómeno o proceso colectivo de participación de la sociedad. Por ejemplo, las actividades culturales, festivas, deportivas, los colectivos informales, etc.

Tanto la participación ciudadana como la social son positivas para la salud democrática de las sociedades y para la salud mental de las personas. Y ambas están disminuyendo en la nueva era del coronavirus. El ser humano es un animal social por naturaleza, no puede existir sin relaciones sociales. Es cierto que la participación social está reproduciéndose con nuevas formas telemáticas, reinventándose cada día en nuevas redes sociales virtuales. Pero recordemos que los gobiernos y las administraciones públicas se deben preocupar de dar un paso más allá de la simple participación social y deben fomentar la participación ciudadana, para avanzar en una sociedad con más y mejor democracia.

Durante el confinamiento estricto de marzo-abril de 2020 estuvo justificado que no se convocaran órganos de participación pública y que se negara la presencia de lxs vecinxs en los Plenos. También que, momentáneamente, no se celebraran reuniones de otros órganos esenciales, como los Consejos de Participación Ciudadana sectoriales (de Urbanismo, Medio Ambiente, Cultura, Mujer, Servicios Sociales, el Consejo Económico y Social, etc.) que hay reconocidos en cada municipio. Durante esta situación excepcional -que recordemos apenas duró dos meses-, todos los órganos institucionales y la estructura administrativa pública tuvo que transformarse y adaptarse a la nueva situación, haciéndolo de forma bastante rápida y exitosa en la mayoría de los casos, con la utilización masiva de las nuevas tecnologías para la comunicación colectiva y la celebración de las reuniones de forma telemática.

El problema es que se ha aprovechado esta situación excepcional para reducir aún más la participación ciudadana local y regional, utilizando la pandemia como excusa para dejar de convocar esos órganos de participación o hacerlo de manera más dilatada en el tiempo. Esta paralización o ralentización lo que produce es una mayor desafección vecinal hacia el mundo de la política y con la política institucional.

Estos procesos de reducción de la poca participación ciudadana que existía, son evidentes en el caso de municipios de la región madrileña y seguramente en otras CC.AA. En el caso de la ciudad de Madrid, el gobierno de PP-Cs ha planteado un cambio de normativa que incluye la desaparición de los Foros Locales de Distrito y de las mesas temáticas, para ser sustituidos por órganos encorsetados llamados de “proximidad”. Las mesas temáticas son los órganos sectoriales de base más próximos al vecindario, que se crearon como primer paso para animar y facilitar la participación vecinal, al tratar los problemas concretos de cada barrio y distrito según temas sectoriales (cultura, educación, fiestas, urbanismo y obras, medio ambiente, etc.). Son o eran la puerta de entrada vecinal a la participación ciudadana, facilitar la entrada a la participación pública en la institución local, como lo son los consejos de participación, de barrio o de pueblo, en muchas otras localidades de menor tamaño que la capital. Ver también la ofensiva contra laboratorios ciudadanos de participación https://www.publico.es/culturas/ayuntamiento-madrid-medialab-prado-futuro-incierto-proyectos-culturales-innovadores-participativos-madrid.html

Aprovechando la situación y en contra de la normativa aún vigente, ya hay concejales madrileños -presidentes de Distrito- que no asisten a los plenarios del Foro Local, ni toman en consideración los trabajos de las mesas temáticas. Estas se están reuniendo menos y en formato on-line, y han perdido componentes por la dificultad que supone para muchas personas (analfabetas digitales), estando algunas a un paso de su disolución.

Recordemos que esta estructura participativa fue una ampliación llevada a cabo por el gobierno local de Ahora Madrid en el mandato anterior (2015/19), del que se podría decir que fue un resurgir esperanzador de la participación plural entre colectivos, que tenían un funcionamiento anterior más individualista (obligados por la no convocatoria de órganos colectivos de participación). Aunque existía bastante margen para la mejora de estos nuevos órganos (Foros y mesas), fue al menos un tímido avance, paso que tuvo unos logros que animaban a seguir con una participación ciudadana renovada, fue un recomienzo que ahora se anula por el gobierno local de PP-Cs.

La cultura

La situación cambiante de la pandemia, con sus sucesivas olas, ha creado una situación de inestabilidad que se aprovecha para anular cualquier programación y planificación institucional. Desde mayo pasado, numerosas actividades culturales, artísticas y sociales son programadas y anuladas sucesivamente, provocando que la participación social también se vea reducida. Hubiera sido más lógico programar directamente pensando que estamos en pandemia y que en esta situación vamos a seguir bastante tiempo, como señalaban los epidemiólogos, organizando las actividades públicas con las debidas medidas de seguridad. Ha sido desde este mes de febrero, después del desastre de querer “salvar la navidad”, cuando parece que por fin se ha asumido la nueva realidad en la programación cultural pública, después de un año de pandemia. Planificando en el medio plazo y programando solo algunas actividades y con todas las medidas de seguridad.

A nivel asociativo, además de reuniones ejecutivas estatutarias y de equipos de trabajo, están las más informales y las del ámbito cultural, por ejemplo las tertulias. Es imposible la realización a distancia de una tertulia, ya que exige cercanía y el lenguaje no verbal cobra más importancia. Una tertulia telemática no es una tertulia, es otra cosa, se convierte en una videoconferencia o en los citados webinar, muy interesantes pero con otro carácter, de diferente nivel de participación y público destinatario. Una tertulia, sea sobre el tema que sea -cultural, social, etc.- es un intercambio de ideas donde los asistentes son también participantes (no meros espectadores) y charlan distendidamente, incluso aunque por su número alguien tenga que ejercer funciones de moderador/a o de dar la palabra. Es necesario un ambiente relajado, de libertad y de cierta confianza para que se le pueda llamar tertulia.

En el ámbito cultural también hay que recordar que no es lo mismo la participación telemática que la realidad virtual. Las conferencias telefónicas entre tres o más personas simultáneamente fueron un primer avance en este campo. Luego han venido las videoconferencias que han sido un salto fundamental, pero no es disparatado pensar que el siguiente paso sea la llegada de las conferencias con realidad virtual, en las que, provistos cada participante de las gafas especiales o escafandras que se usan para estos menesteres o “cascos”, cada persona participante de la reunión se vea dentro del mismo espacio que el resto e interactúe con los demás como si de una reunión presencial se tratase. Hasta ahora se han realizado este tipo de experiencias en actos culturales pasivos, ver y sentir al que actúa, o sentir el espectáculo en 3D, pero están por desarrollar en espacios de trabajo, y que sean habituales en actos culturales activos y sociales.

A modo de conclusión

Como esto va para largo más vale que nos preparemos psicológicamente y que no asumamos acríticamente lo que nos llega, como si las cosas no pudieran ser de otra manera. La nueva realidad seguirá transformándose y de muy diversas maneras.

Para finalizar (esta serie de tres artículos), la recomendación sería que las reuniones de trabajo con poca gente, para temas muy concretos y tasados, sean en el ámbito laboral, asociativo o institucional (equipos y comisiones de trabajo), lo mejor es que sean telemáticas (a través de zoom, teams, jitsi, etc.), combinadas cada cierto tiempo con sesiones presenciales. Sobre todo si los participantes están en el mismo espacio físico (laboral) o en un espacio próximo (barrio, pueblo). Esto es válido también para la formación, excepto la de enseñanza obligatoria y en general toda la educación para menores de 18 años que debe ser principalmente presencial, con una parte a distancia incrementada según subimos de edad y ciclo.

Las conferencias, congresos, actividades culturales y las sesiones plenarias de instituciones (plenos de ayuntamientos, parlamentos, conferencias interinstitucionales…) deberían apostar por sesiones presenciales siempre, grabadas y con visibilización pública en directo, ya que se pretende que se vean por el mayor número posible de gente. Además mejora la trasparencia, tanto institucional como de las organizaciones y empresas. Técnicamente se puede facilitar no solo la visualización si no también la participación externa, las intervenciones, preguntas, etc. Pero su realización simultánea presencial facilita la comunicación directa, tiene otras ventajas que ya hemos comentado y en otros niveles diferentes al telemático. Por supuesto puede haber actividades y situaciones intermedias.

Otras conclusiones serían:

  • Hemos hablado de urbanitas y comportamientos sociales en zonas metropolitanas, pero hay que recordar que una importante minoría de población vive en zonas rurales, con deficientes conexiones inalámbricas, de internet, etc.

  • Ayuntamientos y otras instituciones, públicas y privadas, aprovechan la pandemia para reducir la participación ciudadana. La transparencia es esencial para posibilitar la participación. Tanto en un caso (participación) como en el otro (transparencia) no se están utilizando suficientemente las nuevas tecnologías, principalmente porque no se quiere -aquello que decimos de que “no hay voluntad política”.

  • Las ciencias sociales también tienen que adaptarse, la psicología social y la sociología especialmente, en las investigaciones el análisis cuantitativo cobra de nuevo mayor importancia (análisis métrico estadístico, tráfico en las redes, comportamientos-conexiones etc.). El análisis cualitativo tiene que adaptarse a investigaciones de comportamientos en/a través de/ la pantalla.

Sobre los temas tratados, interesante ver este artículo:
____________________________________________________________________

Estos artículo fueron publicados, casi en su integridad en: 



24 de febrero de 2021

Reuniones y participación social ¿telemática, presencial? (II)

Congresos y asambleas, presenciales y en streaming por favor

Aparte de las reuniones relacionadas con la formación (webinar en sentido amplio) y con la investigación (ya comentadas en la primera parte), tenemos los encuentros y reuniones ejecutivos, donde, además de informar/formar y debatir, se aprueban resoluciones, se deciden acciones o se eligen representantes.

Estas reuniones decisorias pueden ser de carácter social, político, científico o económico-empresarial, pero todas tienen algunos rasgos comunes. Las primeras son las asambleas de asociaciones y organizaciones sociales no lucrativas (movimientos sociales, ONL, ONG); después están las de organizaciones sociopolíticas y corporativas, como las de sindicatos, asociaciones de empresarios, gremios y colegios profesionales, las de organizaciones estrictamente científicas o académicas y también las más directamente políticas: congresos y asambleas decisorias de partidos y coaliciones políticas; y las últimas serían las de empresas y corporaciones: juntas de accionistas, consejos de administración, asambleas de cooperativistas, etc.

En todas estas reuniones, se tienen que aprobar, entre otros asuntos, la visión y misión de la organización, a partir de los cuales se elaboran y deciden los planes estratégicos y los programas concretos de acción, se aprueban cuentas y balances de actividades realizadas… y se elige la dirección de cada organización, ya sea y se le denomine junta directiva, consejo de administración, ejecutiva de la organización, consejo federal, portavoces, etc.

Culos de hierro, ojos de acero

En estas reuniones decisorias son muy importantes los tiempos, si están fijados y cerrados, si son rígidos o están abiertos, flexibles… En los años 90 se popularizó, en algunas organizaciones políticas, la expresión “culos de hierro”: las votaciones en asambleas y congresos las ganaban los que más aguantaban en el asiento. Los que eran capaces de permanecer sentados en una reunión sin aparentemente importarles el horario, impelían una dinámica que llevaba a debates interminables y que por tanto las votaciones finales para decidir cualquier cosa, incluido la elección de representantes, se realizara por la noche o a altas horas de la madrugada. Por supuesto casi todos los que aguantaban hasta la votación eran varones, sin cargas familiares y liberados o casi por su respectiva organización o institución. Según la situación de cada momento y la correlación de fuerzas interna entre los diferentes grupos y tendencias, las reuniones se alargaban artificialmente para finalmente ganar la votación los más cercanos al aparato.

Con la modernización de las organizaciones en el siglo actual, los tiempos suelen estar más medidos, pero aún existen estas tendencias y vicios. Ahora los culos de hierro pueden estar en sus acolchadas sillas particulares de trabajo casero, a los que se les han sumado los que, con ojos enrojecidos como tomates, aguantan cientos de horas semanales pegados a la pantalla. Ojos informáticos de acero, dispuestos a todo.

El deterioro físico general ha aumentado. Unido al estar sentado e inamovible ante la pantalla se suma al sedentarismo general. Antes al menos te tenías que desplazar al lugar del trabajo, o moverte entre diferentes espacios, y luego a la reunión política o social, sea del nivel o del tipo que fuese, los urbanitas a veces a gran distancia (andar, transporte público, subir, bajar...). Ahora tienes el peligro de ni salir de la habitación a estirar las piernas.

Con la anulación de congresos y asambleas presenciales se pierde otro aspecto fundamental, la función social de los encuentros amplios y de reuniones nacionales e internacionales. El conocido como pasilleo también cumple su función: las relaciones sociales que se crean en cualquier reunión amplia, donde se aprovecha para presentar y conocer gente, establecer nuevos contactos y relaciones sociales, y la celebración paralela a los actos oficiales de numerosas reuniones informales. Como se comenta a veces: es más interesante lo que está ocurriendo fuera del recinto oficial que lo que ocurre dentro. Todo esto desaparece con congresos y asambleas solo virtuales.

Movimientos sociales, activismo de sofá y clictivismo

La dificultad para convocar actos de protesta presenciales (manifestaciones, concentraciones, etc.) y el miedo a los contagios en los pocos que se convocan, ha provocado un descenso radical en el número de convocatorias y en la participación en las pocas movilizaciones convocadas. Los movimientos sociales se están adaptado con dificultad a la nueva situación, saltando a las acciones simbólicas, con poca gente pero llamativas, en algunos casos de forma exitosa. Pero el clictivismo y la acción solo internauta no puede ser la alternativa, sería una vía de escape.

En el siglo actual existen menos personas dispuestas a un compromiso más general y firme, más generoso y, sobre todo, más permanente en el tiempo, que piense en el largo plazo. Se opta por modelos de activismo que no requieran mucho sacrificio ni compromiso, que se puedan resolver pronto o al menos ver algún resultado. Cada día se apoyan innumerables campañas y se firman miles de manifiestos, pero hay menos militantes en las organizaciones, de hecho ya no se utiliza esta palabra “militante” que recuerda a la organización militar o, al menos a entidades con disciplina.

En las últimas décadas se ha ido imponiendo el activismo de “voluntariado” que realiza una actividad concreta que considera directamente útil, pero que apenas participa en el conjunto de la organización. Se prefiere la acción aquí y ahora que se considera positiva, beneficiosa para unas personas concretas. Frente al asamblearismo del “mucho hablar y poco hacer”, típico de las organizaciones más ideologizadas o politizadas, se ha vuelto al predominio del primero hacer y luego discutir. La brutal crisis derivada de la pandemia ha empujado a un incremento de la acción urgente y directa, con la creación de despensas solidarias de alimentos, grupos de autoayuda, antidesahucios, etc. como ocurrió con la anterior crisis económica.

Precisamente el 15M nació en 2011 como explosión movilizadora denunciando la crisis anterior (la gran recesión), anteponiendo la acción reivindicativa: se asumió que se priorizaba la acción y “el debate sobre la acción” antes que debatir sobre la ideología y los objetivos últimos. Esto fue lo que facilitó las grandes movilizaciones unitarias y un cambio en la cultura política española. Posteriormente las asambleas del 15M se fueron subsumiendo en eternos debates asamblearios, tan largos como estériles, hasta su disolución.

En los procesos sociales actúales frente a la crisis socioeconómica, se superponen el voluntariado acrítico y el voluntariado activista, de la acción directa. Y, junto a ellos, ha aumentado lo que ya antes de la pandemia existía: el activismo de sofá, de quien no se mueve más allá de la realidad virtual.

No hay sitio aquí para analizar a fondo el desarrollo histórico de las acciones y campañas por internet, que han impulsado reivindicaciones y conseguido muchos éxitos, sobre todo cuando se realiza una campaña con un objetivo muy concreto, viable y visible, y más si es en determinados ámbitos de denuncia pragmática (local o internacional). El activismo internauta tiene la ventaja de la inmediatez: veo una injustica concreta y lanzo la recogida de firmas desde alguna de las plataformas existentes, gratuitamente (aunque la mayoría son de empresas con ánimo de lucro). Facilitan la iniciativa individual y la participación de quien seguramente no podría participar de otra manera, por diferentes motivos: falta de tiempo, por limitaciones derivadas de la discapacidad, diversidad funcional, enfermedad, etc.

Pero, desde la perspectiva de las organizaciones y movimientos sociales se sabe que esto no es suficiente, aunque pueda ser complementario. Hay quien diariamente reenvía mensajes con peticiones de firmas de campañas de todo tipo y condición (medioambientales, sociales, sanitarias, protección de animales, denuncias). Con la llegada de los confinamientos se han multiplicado. Es mucho más cómodo la firma y el renvío de mensajes que ir a reuniones a discutir y a organizar actividades, campañas, movilizaciones. Y más seguro ante el coronavirus. La tentación individualista se acrecienta con la participación a distancia. De la observación directa de estos cambios se deduce un hecho curioso: quienes más retuitean y reenvían mensajes suele coincidir con las personas que menos asisten y participan en reuniones. Antes ya participaban poco en reuniones presenciales para organizar cualquier cosa pero, lo más llamativo, es que ahora tampoco participan apenas en las telereuniones. Al que no le gusta participar en los debates tampoco le apetece teleparticipar.

Es decir, el clictivismo es un acto aparente de participación en una acción colectiva, pero es sobre todo individualista, huye del debate, de la discusión y la confrontación colectiva, que tantas horas consume en asociaciones y movimientos sociales y también en cualquier organización social o institución. Consume mucho tiempo, pero es esencial para construir algo nuevo colectivamente. Ya sea desde una organización social, política o desde una institución. Salvo que pensemos que la sociedad la vamos a cambiar y mejorar desde nuestro cómodo sofá. Sirve sobre todo para limpiar la conciencia, qué solidario soy que no paro de participar en campañas sociales. El clictivismo además no suele ser democrático ni colectivo: una persona ha lanzado una campaña y todas las demás se limitan a apoyarla o seguirla. La excepción son las campañas organizadas colectivamente por entidades sociales amplias y reconocidas, plataformas de asociaciones o federaciones, etc.


20 de febrero de 2021

Reuniones y participación social ¿telemática, presencial? (I)

Comenzado el año 2 d.c. de la nueva era (después del coronavirus) vivimos en permanente estado repetitivo, eterno día de la marmota. Trabajar, comer, descansar, ver la tele o las redes sociales, dormir, levantarse…. Día tras día. Lo que antes era habitual ahora es excepcional y al revés, por ejemplo ver a la gente en el trabajo, confraternizar en la empresa con los compañeros o en una reunión social, todo esto es ahora lo excepcional, mientras que hacer una reunión telemática ha pasado de ser una nueva experiencia a formar parte de la nueva y aburrida cotidianidad. Ahora lo excepcional es que celebremos una reunión presencial, nos veamos físicamente y, si rara vez nos vemos, será sin tocarnos, manteniendo las prudentes distancias. Qué nueva y satisfactoria experiencia vernos en la realidad real y no en la telemática.

Muchos de estos cambios han llegado para quedarse, como los que comentamos a continuación. Están ya instalados, aunque una parte de nuestro ser se resista a admitirlos, siga aferrado a la creencia de que esta situación es algo excepcional y pasajera.

Por contra, hay quien defiende que los nuevos cambios en las relaciones laborales y sociales son positivos y, sacando de la necesidad virtud, opinan que todo irá así mejor. Ha comenzado a haber más partidarios de que esto es ya una realidad inamovible o incluso se abraza de buen gusto la nueva normalidad. Y piensan que quién la critica es que es un antiguo, quiere vivir en un mundo que ya no existe y no volverá. Que no existen reuniones presenciales, pues vale, asumámoslo y, como mucho, busquemos como mejorar técnicamente las videoconferencias. Que ya no hay relaciones sociales con personas de carne y hueso, pues a verse por internet y punto.

Adolescentes y parte de la juventud ya estaban instalados en las teleprácticas cuando llegó la pandemia, se han adaptado rápidamente a la nueva situación y ahora nos llevan años de ventaja en la nueva era. Además, se ensalzan las virtudes del teletrabajo y las teleconferencias: menos desplazamientos, menos tiempo empleado en lo superficial y en relaciones sociales no productivas, se va más rápido al grano, a lo importante, más efectividad y por lo tanto, como suma de todo lo anterior, se gana en rentabilidad y en la sagrada productividad.

Basta con bucear un poco por internet para ya encontrar multitud de artículos donde se ofrecen técnicas, consejos, asesoramiento y hasta cursillos para mejorar la comunicación a distancia, cómo presentarse en las videoconferencias, cómo hablar al móvil o al ordenador adecuadamente, etc.

Ciertamente esto es ya parte de la nueva normalidad y hay que adaptarse, pero nos engañaríamos si pensásemos que todo son ventajas. Vamos a comentar algunos pros y contras, aspectos que diferencian la reunión presencial, con personas hablando directamente entre sí, con la telemática, a través de una pantalla -sea de un ordenador, teléfono móvil, tablet, etc.

Consideramos que muchas de las características a comentar son comunes a todo tipo de reuniones, sean de trabajo o de relaciones sociales formales (de asociaciones, comunidades), incluso de actividades culturales -tertulias, debates, conferencias-, y diferenciando entre reuniones formales e informales.

En la actualidad lo normal para una reunión es no desplazarte más allá de tu despacho o de la habitación de tu casa escogida, por ser la preferida para comunicarte con el exterior. Aunque en este punto hay que advertir que la mayoría de las personas que trabajan lo siguen haciendo desplazándose a un espacio diferente al de su hogar, al menos varios días a la semana: menos del 10% de los ocupados teletrabaja, “el año 2020 terminó con alrededor de 1,9 millones de ocupados teletrabajando de manera habitual en España, lo que supone que cerca de 1,1 millones de trabajadores han dejado de teletrabajar de manera habitual desde el final de la primera ola, al término del segundo trimestre, cuando llegaron a teletrabajar más de 3 millones de personas en España” https://www.publico.es/economia/menos-del-10-ocupados-teletrabaja-plena-tercera-ola.html

Pero, sean más o menos, los cambios están ahí, el teletrabajo seguirá creciendo y además dentro del espacio laboral empresarial seguirán incrementándose las videoconferencias, el desplazamiento solo para llegar al lugar de trabajo, al igual que en el resto de las relaciones sociales. Un ejemplo evidente: en el mundo de la enseñanza y en todo lo relacionado con la formación, además de la presencial en el aula se exige el trabajo formativo a distancia, tanto para el que aprende como para el que enseña.

Cosas del pasado. Saludar con contacto físico, incluso a desconocidos cuando somos presentados, dándonos la mano o con un par de besos, ha pasado de ser muestra de buena educación a una peligrosa excentricidad. De mostrar acercamiento y amabilidad a acto suicida. A pesar de que las vacunas sean, esperemos, más o menos eficientes, el miedo a los contagios por nuevas variantes y a nuevos virus mantendrá esta situación de distanciamientos interpersonales durante mucho tiempo, tanto que no sabemos pronosticar por cuantos años. Al igual que la mayor higiene y la frecuencia en el lavado de manos. De paso las enfermedades tradicionales de retransmisión común, como las gripes, resfriados y otras bacteriológicas, se han reducido a proporciones marginales y así seguirán mientras no muten.

Estas diferencias en las relaciones sociales físicas con respecto a las tradicionales -cambios en las formas de saludarse, uso frecuente de la mascarilla, no tocarse salvo excepciones, provocan más frialdad en las relaciones, pero la diferencia fundamental está en las formas de reunirse, está en el crecimiento de las telereuniones, la predominancia ya indiscutible de las reuniones telemáticas sobre las presenciales.

Ventajas y diferencias

Algunas de las ventajas de videollamadas y videoconferencias son evidentes. El ahorro de tiempo como fundamental. Evitamos desplazamientos, con lo cual ganamos todo el tiempo que dedicamos al transporte y al “acceso” -los preliminares antes de comenzar la reunión, y por lo tanto tenemos más tiempo para otras cosas, ganando en eficiencia. Cuando accedemos al edificio o sitio donde se va a celebrar una reunión, es muy habitual, primero tener que acceder al despacho concreto o espacio donde se va a celebrar físicamente la reunión y, segundo, tener que esperar a que se incorporen a la misma todas las personas participantes. En una video-reunión mientras esperas puedes estar haciendo otras tareas. Estás leyendo correos, mensajes, etc. Esto hace desaparecer los comentarios y contactos informales prereunión, con lo que se pierde una parte de los preliminares, la creación de ambiente de reunión. Se ha sustituido por hablar, en la distancia, de cosas banales y generales- qué tal el tiempo por ahí… son “charlas de ascensor”, que, al estar ya una parte de los asistentes presentes y conectados, evita que puedas preguntar o comentar con los más cercanos sobre temas de interés o más personales, familiares etc. que era lo normal en el tiempo de calentamiento de la reunión, incluso el sentarse junto a los cercanos, formar algún corrillo con los iguales.

Todo esto cambia en las videoconferencias. La disposición de las personas entorno a la mesa o mesas de trabajo, junto a quién se sienta cada participante y los microgrupos que se forman, son pistas fundamentales para analizar el desarrollo de las reuniones y, a través de su análisis, se puede conocer el sociograma de una empresa o de una entidad. O hacer el mapa de la reunión (desarrollo, relaciones…). Un sociograma es la representación gráfica de los grupos y colectivos existentes en un espacio social concreto y de las relaciones mutuas que se dan entre sus miembros, que pueden ser de amistad/enemistad, compañerismo, afinidad o enfrentamiento, etc. -para construirlo se necesita aplicar también otras técnicas de investigación, como la entrevista, individual y grupal, o los grupos de discusión.

El análisis de las relaciones sociales en las redes presenciales reales (tradicionales) está siendo sustituido por el análisis del tráfico de mensajes en las diferentes redes sociales virtuales, con Twitter como mayor exponente, ya que es fácil seguir su rastro y es prácticamente público. Así, en base a ese tráfico de mensajes, se construyen mapas de las relaciones entre sujetos actores en las redes. Esta nueva realidad es comunicación tan real como la anterior, se superpone a la tradicional presencial, son mapas de redes sociales entrecruzados y que se superponen.

Terminada la reunión presencial te levantabas y, o ibas a tomar algo con los cercanos asistentes, charlando distendidamente, o te desplazabas a otro espacio, con lo cual ese tiempo “muerto” realmente lo ganabas en tu cabeza, te daba tiempo por un lado a digerir lo hablado, ordenar las ideas y, por otro, también a desconectar y descansar, mirando el paisaje, o atento a sucesos distintos que pasan a tu alrededor. Al terminar una videoconferencia es ya habitual saltar directamente a otra reunión o reuniones sucesivas o pasar a resolver y centrarse en ese trabajo urgente que tenías pendiente.

Como comentaba, después de una reunión presencial lo típico, salvo que te vayas solo, es ir a tomar un café o una caña dependiendo de la hora, y comentar las mejores jugadas, con los más cercanos. Todo esto se pierde en las videoconferencias. Estos espacios post reunión son fundamentales para la digestión intelectual de lo debatido y de lo que hemos aprendido, contrastando con los demás. De hecho, el recuerdo de lo que pasó en cada reunión está mezclado con ese debate relajado posterior.

En ciencias sociales una de las características que se enseñan de la técnica de la entrevista es que frecuentemente lo más interesante lo puede decir el entrevistado al final, incluso una vez que apagas la grabadora. Cuando antes se ha ido creando un clima de confianza y el ambiente ya no es rígido ni formal. El entrevistado de alguna manera ha entrado en confianza con el entrevistador, más si sabe que no le estás grabando ni estás tomando notas. Entones es cuando se relaja y dice lo que realmente piensa, más allá del discurso aprendido o que oficialmente tiene que contar.

Todo esto no está en la tele entrevista, de hecho ya se pierde si la entrevista es solo a distancia, por teléfono. Igual ocurre con las reuniones, no se expresa una persona igual en la reunión formal que en la informal posterior, para bien y para mal. Además, la reunión formal por videoconferencia es muy habitual que se grabe y de eso son conscientes todos los participantes, incluso aunque no se avise o se explicite, siempre existe la duda de si alguien lo está grabando, no solo en sonido (que ya ocurría en las presenciales), también en imagen.

Así podemos decir que lo que aparenta mayor eficiencia, se está revelando como cambios no positivos o disminución de la rentabilidad en el balance global. Una de las conclusiones que se está viendo es que tenemos menor eficacia en al teletrabajo, al menos en algunos de los tipos y tareas a desarrollar. Se evidencia que la “sociabilidad mediada por la tecnología”, en relación con las videoconferencias, chats y otras plataformas de interacción “no se percibe del mismo modo que la que se produce en persona, posiblemente porque quedan mermados los sentidos implicados en la interacción” (Valenzuela-García).

Una de las conclusiones de lo avanzado hasta aquí, es que reconozcamos que no se habla con la misma confianza y libertad entre personas que se están viendo directamente entre sí, que si se ven frente a una pantalla, el grado y calidad de la comunicación disminuye.

Por otra parte, en cualquier reunión presencial amplia, en una conferencia, charla o congreso, hay que tener en cuenta el que, desde hace al menos una década, han cambiado las formas de comunicarse, dándose cuatro tipos de comunicación de forma simultánea:

  • La de la persona que habla y se dirige al público en cada momento.

  • La de las personas con el exterior a través de sus móviles, personas que están calladas, aparentemente escuchando al que está hablando, pero que a la vez están enviando y recibiendo mensajes, sobre cualquier tema.

  • Y la de los mismos asistentes entre ellos que, cada vez con más frecuencia, se intercambian impresiones sobre lo que está pasando en el mismo espacio, opiniones privadas sobre lo que se está hablando en público.

Además, en una conferencia presencial, se da la comunicación no verbal (de los gestos, en el espacio físico concreto, movimientos de personas, etc.) y la comunicación entre los cercanos, el cuchicheo… Este último tipo de comunicación es el único que queda muy mermado en las videoconferencias, la comunicación no verbal está casi desaparecida, solo se puede apreciar (ver) cuando es entre muy pocos participantes, que se están viendo directamente todos en la pantalla, donde se aprecian los gestos (de aprobación desaprobación, asombro, etc.), que es fundamental cuando están todos los miembros participantes alrededor de una mesa o en una sala de reuniones, incluso en cualquier sala de conferencias.

Pero los tres primeros tipos de comunicación citados se mantienen casi igual en las videoconferencias o webinar (palabra utilizada para los seminarios virtuales, aunque hay quien la utiliza para cualquier contenido formativo por internet, sea una conferencia, taller, curso o seminario).

Las distracciones e interrupciones

El espacio físico influye en las interacciones y en los contenidos de lo que se celebra. Una conferencia o seminario presencial se realiza en un espacio físico preparado para ello. Tiene unas formalidades, unos protocolos asumidos, incluso inconscientemente. El que interviene está imbuido de un determinado ornato y boato. El conferenciante (en solitario o en una mesa redonda, o el profesor en clase) está en un lugar determinado, asumiendo un papel, es asistido por alguien (moderador, presentador) o simplemente como profesor se le debe respetar y se le reconoce esa función durante un tiempo determinado. De alguna manera se asume su autoridad durante ese tiempo en que interviene. Por ejemplo, no se le puede interrumpir ni se debe hablar, salvo que él o ella pregunte y se dirija a los asistentes, o cuando llegue el tiempo final de preguntas o de debate.

Todo esto cambia en las videoconferencias. Las distracciones y posibles interrupciones aumentan. En un reciente webinar de una universidad nacional en el que estuve (asistir no es lo mismo que participar), a uno de los conferenciantes, mientras hablaba desde su despacho al conectado ordenador, le llamaron por el teléfono fijo varias veces, primero al móvil -se pone en silencio- luego al fijo ¿qué haces en estos casos? Descuelgas… todos le mirábamos tranquilamente en la distancia. Después, a otro de los conferenciantes le llamaron a la puerta del despacho, repetidamente, hasta que no aguantó más y se levantó en medio de su alocución pidiendo disculpas…. Todo esto pasa más o menos igual si estás interviniendo desde casa y estás solo: pueden llamar a la puerta, al tfno. fijo, etc. En otros casos -si es por la tarde y estas en casa- aparecen los niños de vez en cuando saludando o se ponen a llorar o el perro a ladrar… lo cual resulta más divertido. De alguna manera se puede pensar que ¿se humanizan y democratizan las telereuniones?, pero también se distraen y cambian las dinámicas.

Tomás Alberich